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Ocean´s Twelve

martes, octubre 18, 2005

Tras el enorme éxito que supuso en las taquillas el remake de la película de protagonizada por Frank Sinatra y Dean Martin, “Ocean´s Eleven”, el regreso de los chicos de George Clooney estaba más que cantado, haciendo –de paso- bueno el dicho “segundas partes nunca fueron buenas”.

Y es que, con un argumento cogido entre alfileres y unos actores demasiado centrados en su lucimiento personal, el producto resultante no llega ni de lejos a parecerse a su predecesora, tal vez porque el guión de esta segunda parte partió de cero y no tenía una base de donde, como diría Ana Rosa Quintana, “tomar ideas”.

Ya han pasado tres años desde que Danny Ocean y su equipo desvalijaran las arcas de Terry Benedict (Andy García), uno de los más poderosos empresarios de la industria del juego en Las Vegas. Tras perder cerca de 160 millones de dólares de una forma casi bochornosa, Benedict está más que enfadado, y no parará hasta recuperar su dinero. Los chicos de Ocean han repartido ganancias y han seguido caminos diferentes tratando de pasar desapercibidos a ojos de la justicia, y sobre todo, tratando de evitar a los matones de Benedict. Tarea que les resultará harto complicada cuando la competencia decide delatarlos a su gran perseguidor, que en esta ocasión se muestra clemente.

El trato es sencillo: devolver el dinero hurtado con sus correspondientes intereses. Algo difícil si te has dedicado a vivir a lo grande como es el caso de esta panda de pillos.
Con este panorama las opciones son pocas, y tendrán que estrujarse las neuronas para tratar de reunir el pago de su libertad en el plazo fijado. Por si esto fuese poco, la banda tendrá que enfrentarse a otros inconvenientes que no hacen más que complicar su situación.

Más de lo mismo


Como era de esperar, el argumento supone una nueva vuelta de tuerca a su precuela, pero con una diferencia, pues en esta ocasión la historia gira en torno a Brad Pitt, y no al famoso doctor Ross de Urgencias.

El proteínico rubio eclipsa por completo a sus compañeros de reparto, y destila una química especial cuando aparece en pantalla junto a Catherine Zeta-Jones, que encarna a la policía encargada de investigar una serie de misteriosos robos que están siendo cometidos en la ciudad. ¿Casualidad?

El actor, acostumbrado a alternar actuaciones notables en películas de calidad, como “Kalifornia”, “El Club de la Lucha” o “Seven”; con papeles mediocres en filmes que no tienen más valor que el rollo en que se graban ( “The Mexican” o “Cool World” ), ha sido injustamente encasillado por la industria de Hollywood, que ha visto en él tan sólo una cara bonita y un reclamo para las quinceañeras. Todo lo contrario que Julia Roberts, actriz que tan solo se dedica a lucir sonrisa y nulas dotes interpretativas en cada uno de sus papeles y que, sin embargo, ha sido capaz de ganar un Oscar a golpe de escote por “Erin Brockovich”.

Por los que respecta al resto del reparto, nada nuevo bajo el sol. Tan sólo la elegancia (la belleza se le supone) de Catherine Zeta-Jones, la habitual inexpresividad de Matt Damon y un absurdo cameo del sobreactuado Bruce Willis.

Dirección sin rumbo

El director que ya lo fue de la primera parte, debutó en el mundo del cine filmando un concierto del grupo “Yes” lo cual le valió una nominación a los Grammy. Mucho ha pasado desde esta primera incursión en 1986, y por sus manos han pasado proyectos desde “Sexo, mentiras y cintas de vídeo” hasta “Traffic”, pasando por “Solaris” (de la cual suponemos no estará muy orgulloso).

Se trata de Steven Soderbergh, el cual, conciente del proyecto en el que se hallaba embarcado se limita a realizar una película entretenida, glamorosa y de fácil digestión para el espectador. En fin, mucho collar para tan poco gato.

Por lo que respecta a la música, de la cual es responsable David Colmes, se limita simplemente a acompañar el desarrollo propio del film recogiendo la esencia misma del ambiente que se respira a lo largo de los 135 minutos de proyección.

Se trata por esto de una película recomendable para pasar un rato distendido y darnos cuenta de la cruda realidad y cuanto nos hacen falta unas horitas semanales de gimnasio para parecernos a alguno de los protagonistas.










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Misteriosa Obsesión



Al ver una película, es algo habitual que el espectador se identifique con el protagonista de la misma- ¿Quién no ha sentido como propios los golpes que recibía el desabrido Silvester Stallone en “Rocky” o se ha creído un miembro más de la familia Corleone en la excepcional trilogía de “El Padrino”?

Pero hay veces que esta simbiosis puede provocarnos bastantes tensiones. Unas veces en tono más cómico (como sucede con la sofisticada aventura urbana “Jo, que noche”) y otras de forma más cruda. Tal es el caso de la genial “Efecto mariposa” o el filme que nos ocupa, “Misteriosa obsesión”, películas ambas en los que el personaje principal se ve atrapado en una pegajosa tela de araña de la cual es muy difícil desenmarañarse.

Imagine nuestro lector que todo lo que recuerda, incluida su familia, ha sido producto simplemente de su calenturienta imaginación, ya que nada es lo que realmente aparenta. Es en una situación similar donde se encuentra la génesis de “Misteriosa obsesión”.
En este caso, han pasado más de dos años desde que Telly Paretta (Julianne Moore) perdió a su joven vástago Sam debido a un terrible accidente aéreo. Este irreparable malogro amenaza con quebrar la salud mental de nuestra protagonista. Pero ahí no acaba todo, pues según van avanzando los días, la sufrida madre observa atónita como alguien intenta borrar al pequeño fallecido de sus recuerdos por medio de la eliminación tanto de fotografías como de cualquier rastro relacionado con él.

Presa de un ataque de furia contra su esposo –al que acusa de estos extraños sucesos- Telly se refugia en la terapia del Doctor Munce, el cual no hace sino potenciar sus problemas al asegurarle que el fruto de sus entrañas es tan solo producto de su mente enferma.
Dado lo extraño de la situación, la sufrida pelirroja se resiste a creer que se haya vuelto completamente loca y emprende una cruzada en pos de encontrar alguna prueba de la existencia del pequeño. En la búsqueda se topará con un dipsómano ex jugador profesional (Dominic West), que según el personaje interpretado por la bella protagonista de “Las horas” es el padre de una niña que murió en el mismo accidente que su hijo.

Más de lo mismo


Joseph Ruben, creador de filmes como “Durmiendo con su enemigo” o “El buen hijo”, nos acerca un filme sin grandes pretensiones, entretenido y vivo, algo muy de agradecer en estos tiempos. Lo mismo ocurre con su metraje, pues los aproximadamente noventa minutos filmación se antojan como justos y necesarios para un tipo de rollo como este, y demuestra además que no es necesario estar casi dos horas frente a la pantalla para que no suceda nada reseñable (los que hayan visto “El bosque” me comprenderán).

A esto hay que unir como el no siempre original Ruben da algunos momentos destacables en los que inserta unos buenos golpes de efecto genialmente rodados, si bien dejan esa sensación de dejavú tan típica del cine actual.

Centrándonos en la labor actoral, nada destacable, si acaso el buen hacer de Julianne Moore como madre desesperada que recuerda a una invitada de “El diario de Patricia”. Su partenaire, Dominic West (“La sonrisa de Mona Lisa”), luce su habitual cara de recién levantado aunque continua sin transmitir absolutamente nada al espectador, el cual esperará en balde que muestre alguna emoción.

Por último, dos visiones personales que giran en torno al cine actual y que –a mi humilde parecer- habría que estudiar en profundidad. Mi primera reflexión gira en torno a la proliferación de trailers que no tienen nada que ver con la trama de la película. ¿Alguien sabe el por qué de esta moda?, pues si bien en algunos filmes esta tendencia no es tan acusada, en otros casos descubrimos como lo que se nos anuncia no tiene nada que ver con lo que luego aparece en la pantalla (tal es el caso de la anteriormente mencionada “El bosque” o la propia “Misteriosa obsesión”).

El segundo producto de mi frustración en torno al cine radica en las absurdas traducciones que hacemos de los títulos de habla inglesa. Si alguien es capaz de explicarme que relación existe entre “The forgotten” y “Misteriosa obsesión” que no dude en llamarme, ya que ardo en deseos de saberlo.


Iván Vargas en Edición Limitada DVD