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Doce del patíbulo

viernes, enero 26, 2007


Aunque alejado de la actual forma, en la que espectaculares efectos especiales, cantidades ingentes de sangre y demás artificios encierran guiones vacuos y personajes poco creíbles, el cine bélico ha sido un género fuertemente entroncado con la historia.

Nacido con la intención de exaltar los valores patrióticos –sobre todo en tiempos de crisis- este tipo de cine, que comienza con la archiconocida película de Griffith, “El nacimiento de una nación”, cuenta con algunos filmes que cualquier buen aficionado al mundo del celuloide guarda en letras de oro dentro de su retina.

¿Quién no recuerda el cartel estelar de “El día más largo”, la maravillosa recreación histórica de “Los cañones de Navarone”, la personalidad del protagonista de “Patton” o la pegadiza melodía de “El puente sobre el Río Kwai”?. Pero para ser fieles a la verdad, este póker de obras maestras quedaría cojo si nos olvidáramos de la película que nos atañe, “Los doce del patíbulo”, obra maestra del género que de forma inexplicable tan solo obtuvo un Oscar ( Mejores Efectos de Sonido ) de los cuatro a los que estuvo nominada.

Hemos tenido que esperar más de un cuarto de siglo para poder disfrutar en nuestro dvd de esta pieza imprescindible en la que su director Robert Aldrich nos imbuye por medio de un sólido argumento y una historia consistente, en plena Segunda Guerra Mundial.
Nos encontramos con el díscolo Coronel Reisman ( interpretado por Lee Marvin ), un veterano de guerra con un expediente tan repleto de hazañas y acciones heroicas como de graves faltas disciplinarias debidas a desacatos a sus superiores, que recibe una misión suicida: hacerse cargo de un grupo de doce convictos ( de ahí, como habrán supuesto, el título del filme ) y convertirlos en un grupo de soldados de elite capaces de llevar a buen puerto la difícil operación de asaltar una fortaleza de descanso nazi y matar a sangre fría a todos los integrantes del ejército alemán que encuentren a su paso, amén de destruir –en la medida de lo posible- el recinto. Su recompensa: la conmutación de las penas a los supervivientes.

Parece una misión imposible para el coronel, sobre todo cuando conoce a “sus hombres”, entre los que se encuentran asesinos, reprimidos sexuales o disminuidos mentales. En fin, un verdadero mosaico en el que se mezclan la más extraña amalgama de personalidades. Pese a que todo parece ponerse en contra de Reisman ( personaje que parece calcado por Clint Eastwood en “El Sargento de Hierro” ), éste no se amilana y consigue –tras duros meses de entrenamiento- convertir a la tropa en un grupo homogéneo, disciplinado y capaz de responder en situaciones límite. ¿Será esto suficiente para que logren el objetivo que les ha sido asignado?.

Aunque a primera vista parece que vamos a ver en nuestro dvd un título básicamente bélico, en el que muertes y explosiones se sucederán sin ningún tipo de hilo conductor, la realidad es completamente distinta, ya que la parte puramente bélica del filme apenas dura veinticinco minutos. Se trata del citado ataque al castillo alemán, una magistral secuencia repleta de acción y tensión constante en la que nuestros protagonistas ponen en práctica el plan en el que han estado trabajando durante largo tiempo y que han memorizado punto por punto.
Este interesante argumento, junto a un buen guión salpicado de incisivas dosis de humor, convierte a la cinta en imprescindible.

A esto hay que sumar una nómina interminable de estrellas, entre las que podemos destacar a Lee Marvin, Charles Bronson, Donald Sutherland o John Cassavetes, sin ir más lejos. Estos rostros conocidos por la mayoría de nosotros, encarnan personajes que poseen su propia trama e importancia en el desenlace de la película, provocando que nos involucremos en sus objetivos y que suframos con sus problemas.

Se trata, en resumen, de un film que independientemente de los gustos de los espectadores, deja un poso, una sensación de haber disfrutado de una obra maestra, una pequeña joya de un poco más de dos horas que explica bien a las claras porque el cine es también llamado el séptimo arte. Sólo una pega, el haber esperado tanto para tenerla en nuestras manos, pero ya se sabe: lo bueno se hace esperar.


Ivan Vargas en EDLIM

The Core

jueves, enero 25, 2007




Hace un lustro apareció con fuerza un nuevo género que contó con el total beneplácito del público. Se trataba del catastrofista y podía resumirse básicamente en lo siguiente: un grupo de personajes anónimos se veían obligados a convertirse en auténticos héroes a fin de librar a nuestro planeta de distintos peligros que amenazaban con destruirlo.

Títulos como “Independece Day”, “Armageddon” o “Deep Impact” se convirtieron en paradigma de una remesa de filmes que tuvo irregulares resultados comerciales, estéticos e intelectuales. Después –tras los fatídicos atentados del 11 de septiembre, y visto que no estaba la situación para ahondar en las heridas abiertas de la sociedad americana- este tipo de cine entró en un prematuro ocaso.

Pero la situación parece haber cambiado, y títulos como el que nos ocupa ( al que hay que sumar el recién estrenado en las pantallas españolas, “El día después de mañana” ) parecen resucitar esta forma de hacer cine que también tuvo gran acogida en los años setenta y que cuenta con una legión de seguidores que acuden en tropel al cine para disfrutar de explosiones, saltos, situaciones límite e intuyendo como sería un cataclismo en la Tierra, sabiendo –claro está- que a la salida del cine todo seguirá igual.

En el caso de “The Core”, de forma súbita, y sin ningún tipo de razón aparente, el núcleo de nuestro planeta ha dejado de rotar, lo cual ha repercutido en un deterioro del campo electromagnético de la Tierra, provocando una ola de catástrofes que amenaza con desolar la humanidad a muy corto plazo. Así, mientras que en Boston fallecen más de una treintena de personas en un radio de pocas manzanas, el famoso puente Golden Gate de San Francisco se derrumba, sepultando consigo a cientos de conductores.

Pero la catástrofe, al contrario de lo que suele acontecer en la mayoría de filmes de este tipo, no se limita tan solo a los Estados Unidos, pues también se extiende a lugares emblemáticos de nuestro continente. Observamos atónitos como los cimientos del Coliseo de Roma se desploman frente a cientos de visitantes o como en Trafalgar Square una extensa bandada de palomas pierde el control y provoca el pánico entre los transeúntes londinenses.

A la vista de los acontecimientos, los miembros del Ejército y el Gobierno deciden poner el futuro mundial en las manos de Josh Keyes ( interpretado por Aaron Eckhark ), un profesor universitario especializado en geofísica, y el cual –junto a un equipo formado por alguno de los mejores científicos del mundo- conformará la tripulación de una nave subterránea diseñada por uno de ellos y pilotada por la Mayor Rebecca “Beck” Childs ( a la cual da vida la oscarizada Hilary Swank ) que tendrá como misión detonar un dispositivo nuclear a fin de reactivar el núcleo y que todo vuelva a la normalidad.

Dirigida por el debutante Jon Amiel, esta obra, pese a que en un principio parece recordarnos argumentalmente a otras cintas de este género como la mencionada Armageddon ( sobre todo en lo que a la forma de reclutar a los integrantes de la misión se refiere ), más tarde cambia su registro hasta hacernos pensar que estamos en un viaje al centro de la Tierra al estilo Julio Verne y que en cualquier momento vamos a encontrarnos con un dinosaurio de magnas proporciones o la ciudad perdida de Atlantis.

Pero todo se queda ahí, y este es uno de los problemas de la obra, pues el espectador tal vez eche en falta un poco más de acción, algo a lo que tampoco ayuda demasiado la banda sonora, en la que Christopher Young –en su intento de dar ritmo a la narración- “obsequia” a nuestros oídos con una música plagada de altibajos y que llega incluso a molestarnos por momentos, provocando una pérdida de tensión.

Por otro lado, los efectos especiales, si bien no brillan por su excesiva brillantez, si dotan al rollo de una gran espectacularidad, sobre todo cuando se intentan obtener resultados sencillos y no grandes alardes ornamentales en los que se cojea un poco.


Los Extras

La edición en DVD es el complemento perfecto a la película, pues como contenidos extra, esta superproducción cuenta tanto con el trailer como con el making of de la misma, sin olvidar los comentarios del Director Jon Amiel.
Mención aparte merecen las escenas no editadas, que si bien no sirven para añadir nada nuevo al argumento, si harán las delicias de los devotos de este tipo de filmaciones. A esto hay que añadir el extra para mi más importante y donde se dejan “al desnudo” los efectos especiales. Éste nos servirá para descubrir –entre otros- el reto que supuso diseñar y construir la nave a tamaño real o la dificultad en la creación de la geoda gigante que la Virgil atraviesa en su camino al centro de la Tierra.


Iván Vargas en EDLIM