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El Álamo

jueves, septiembre 15, 2005

El cine americano ya no es lo que era, o al menos esa es la impresión que nos queda tras la casi completa desaparición de esos filmes de autor en los que podíamos disfrutar de historias profundas y delicados guiones, a favor de grandes producciones que poco aportan a unos cada vez más defraudados espectadores.

Un claro ejemplo de que la industria hollywoodiense está perdiendo su originalidad y la capacidad de riesgo es la proliferación de remakes de antiguas películas que años atrás supusieron grandes éxitos. Así, a lo largo del último lustro, los espectadores hemos tenido que “sufrir” las nuevas versiones de “Psicosis”, “Un crimen perfecto”, “El planeta de los simios” o incluso “Al diablo con el diablo”, las cuales tan solo han servido para hacernos comprender que cualquier tiempo pasado fue, sin duda, mucho mejor. ¿Qué fue de mayo del 68?, ¿Dónde quedó el lema de “la imaginación al poder”?... parece que quedaron sepultadas bajo el peso de la historia.

En esta línea es donde se encuentra el filme que nos ocupa, “El Álamo”, una superproducción de los estudios Disney basada en la historia real que aún sigue muy presente en la historia americana, lo cual queda patente en como este antiguo fuerte es una de las atracciones turísticas más importantes de San Antonio y recibe al año dos millones y medio de visitantes que buscan conocer de primera mano un sitio histórico. A esto hay que unir como ofrece al visitante un museo, una capilla, una biblioteca donde es posible conocer cada uno de los detalles sobre lo sucedido, e incluso una tienda de souvenirs.

Para llevar a buen puerto este blockbuster, la factoría Disney confió en el director John Lee Hancock (The Rookie), el cual pudo contar con una amplia nómina de estrellas del celuloide como Dennis Quaid, Billy Bob Trotón, Patrick Wilson, Jason Patric, Emilio Echevarría o el español Jordi Mollá, ninguno de los cuales hizo una interpretación digna siquiera de mención.

La historia

Este filme nos narra los acontecimientos sucedidos allá por el mes de febrero de 1836 en la capilla de la Misión de San Antonio de Valero, bautizada con el nombre de El Álamo.
Ya desde finales de 1835, un ejército integrado por voluntarios tejanos tomaron la ciudad de San Antonio y ocuparon El Álamo ha fin de encontrar su independencia de los mejicanos. Ya en febrero del año siguiente, llegó allí el ejército mejicano de la mano del General Antonio de Santa Ana, manteniendo el sitio durante trece días, hasta que se decidió a atacar, matando a los casi doscientos americanos que se encontraban en la capilla convertida en fuerte.

La historia nos muestra dos grupos enfrentados, ninguno de los cuales despierta en un principio nuestra simpatía. Por un lado encontramos un militar tirano y que aún es considerado un traidor a la patria; un dictador que hizo caso omiso de la opinión de sus hombres provocando la pérdida total de las tierras, mientras que por otro están los defensores de la añeja misión católica tornada en cuartel, los cuales tampoco eran un dechado de virtudes, ya que se trataba de hombres que tan solo se encontraban en El Álamo en busca de su propia riqueza personal.

En resumen, se trata de una producción cuya trama está plagada de reminiscencias del cine épico y del western, pese a lo cual no llega en ningún momento al nivel de su predecesora, a lo que hay que unir la nula aportación de nuevos elementos por parte de los guionistas. Si acaso, podemos destacar que este dvd puede servir para dar a conocer a las nuevas generaciones un amargo episodio en la historia estadounidense.

Con esto, el estreno de “El Álamo” supuso un rotundo fracaso en las taquillas norteamericanas, pues tras una inversión de aproximadamente 140 millones de dólares en producción y comercialización, la película solamente logró recaudar nueve millones en su primer fin de semana, lo cual provocó que las acciones de la factoría cayeran significativamente en la Bolsa de Nueva York.

Por último, quisiera aprovechar estas líneas para lanzar un guante que espero que alguien recoja. Se trata de la petición de incluir en los carteles cinematográficos un pequeño llamamiento en el que se indique que: “Los remakes perjudican seriamente la salud” (del espectador en este caso).

Iván Vargas en Edición Limitada DVD

Imagining Argentina

lunes, septiembre 05, 2005

Directores como Ken Loach o Icíar Bollaín son claro ejemplo de cineastas que se han comprometido con un tipo de cine que desde su gestación ha tenido la intención de aportar su granito de arena llevando a la pantalla grande los graves excesos protagonizados por las diferentes formas de poder a lo largo de toda la historia. Este cine de protesta tiene una serie de elementos comunes como es el de la aproximación transparente a la realidad basándose en contenidos dramáticos tomados de hechos reales y actores con amplios márgenes para la interpretación.

Si seguimos esta serie de listados no escritos, no hay duda que “Imagining Argentina” es un claro ejemplo que debe unirse a una lista que cuenta con películas como “La cuadrilla”, “Pan y rosas”, “Flores de otro mundo” o “Las hermanas de Magdalena”.

Y es que la dictadura militar acaecida entre 1976 y 1983 en Argentina ha sido uno de los periodos más negros de la historia del país sudamericano. Durante estos más de siete años, los ciudadanos argentinos se vieron envueltos en una situación dantesca que dejó unas terribles secuelas, tales como la caída del salario real, desocupación, desindustrialización; y la mayor de las heridas: los cerca de 30.000 desaparecidos que fueron condenados, torturados y aniquilados. Es precisamente al comienzo de esta dictadura donde se sitúa “Imagining Argentina”.
Carlos Rueda (encarnado por un Antonio Banderas sobrio, comedido y que no recuerda en nada a aquel “chico Almodóvar” que enamoró a la diva de pop Madonna) es director de un teatro infantil en Buenos Aires que ve como en un cortísimo espacio de tiempo son raptadas tanto su mujer Cecilia (Emma Thompson) –periodista que no duda en denunciar en sus artículos las múltiples desapariciones de civiles- como su hija Teresa, a la cual personifica genialmente Leticia Dolera, una joven actriz salida de aquella factoría que nos atormentaba cada mediodía llamada “Al salir de clase” y de donde han surgido, entre otros, Alejo Sauras, Elsa Pataky, Victor Clavijo o Pilar López de Ayala (a la que podemos ver actualmente junto a Robert de Niro en “El puente de san Luis Rey”).

Durante su búsqueda, Carlos se da cuenta de que posee un don mágico, pues sueña despierto y ve claramente el destino de los desaparecidos. Sin embargo, algo le impide “imaginar” lo que le ha pasado a Cecilia. A punto de volverse loco, lucha con las únicas armas a su alcance, unas armas que nadie podrá quitarle jamás: la imaginación, las historias y los secretos místicos del espíritu humano.

El guionista y director de esta cinta, Christopher Hampton, nos trae un filme profundo y sin artificios que se dedica a mostrarnos una situación límite y como el amor es el único elemento de cohesión válido en estas circunstancias desesperadas.

Doce años después de leer y enamorarse de la novela “Imagining Argentina” Hampton logró su objetivo de llevarla a la gran pantalla. Este director – que ha ido compaginado su trabajo como autor teatral con el de guionista de programas de televisión y de cine- ha logrado una película que se desarrolla en muchos niveles: el de la realidad, el de la imaginación, el de los sueños y de las visiones. Además, no ha caído en el error de novelizar ni vulgarizar la historia, pues destila un gran respeto por la gente que vivió esta amarga tesitura, reflejando a su vez el horror que tuvieron que pasar y como la imaginación se erigió en una herramienta esencial de la supervivencia. Y sólo mediante la imaginación pudieron cambiar su mundo a uno mejor.

El único pero que podríamos encontrar a esta obra es la poca relevancia que el propio guión da a unos hechos tan terribles (que se convierten en mero adorno decorativo dentro del thriller), lo cual le costó al rollo un grave vapuleo en el conocido Festival de Venecia, con ataques tanto de público como de crítica.

Ivan Vargas, publicado en Edición Limitada DVD

La búsqueda


Propongo desde estas líneas un sencillo ejercicio de memoria y perspicacia cinematográfica. Piense, estimado lector, en el siguiente hilo argumental e intente averiguar a que película me refiero: Un buscador de tesoros con aspiraciones a arqueólogo embutido en una chaqueta de cuero pasada de moda por unas cuantas décadas y una guapa partenaire en busca de dar algo de emoción a su gris vida rodeada de libros, se disponen a emprender la búsqueda de algo que no saben muy bien que es.

Por si nuestro lector aún no tiene suficientes pistas le daré un par más. La primera de ellas es que la pareja se convierte en trío al unírsele un tercer miembro a cargo del cual está el intentar dar el habitual toque humorístico en forma de absurdos y manidos chistes.
La segunda pista es la aparición en escena (¡oh sorpresa!) del padre del protagonista (un John Voight recién sacado de un “arreglo” de chapa y pintura como si de Sara Montiel se tratase), el cual comparte oficio con su vástago y que cree que uniéndose al cada vez más nutrido grupo podrá recuperar esos años que lleva tirado en el sillón.

Supongo que con estas pistas todos ustedes habrán deducido que la película de la que hablamos es “La búsqueda” (¿o qué se creían?), última superproducción del archiconocido Jerry Bruckheimer y que –además de tener un título horrendamente traducido- cuenta con la presencia de Nicolas Cage y esa vacua Helena de Troya llamada Diane Kruger.

En busca de la originalidad perdida

Al igual que su padre y su abuelo, Benjamin Franklin Gates (Nicolas Cage) desempeña un oficio tan habitual como el de buscador de tesoros (¿quién no tiene uno en su círculo de amigos?), pero mientras que sus antecesores se pasaron media vida siguiendo la pista de la legendaria posesión de los templarios, él se encuentra en la necesidad de descifrar la clave esencial para descubrir su paradero, que se oculta en los billetes de un dólar.

Después de ser abandonado en medio del Círculo Polar Ártico por un supuesto colega que se acaba convirtiendo en el siempre necesario enemigo (Sean Bean), nuestro protagonista se dirige a Washington para tratar de convencer a la guapa funcionaria encargada del Archivo Nacional de que la Declaración de Independencia corre peligro.

¿Qué hace un actor como tú en una película como esta?
Desde su magistral actuación en la no menos excepcional “Corazón Salvaje”, Nicolas Cage ha estado en el top interpretativo, pero esa obsesión casi enfermiza del sobrino de Francis Ford Coppola de no encasillarse en ningún personaje le ha llevado a alternar papeles de calidad como en “Living las Vegas” con otros de mucha menor enjundia; tal es el caso de “60 segundos”, “La mandolina del Capitán Conelli” o “La búsqueda” que nos ocupa, donde ese hombre con rostro de desheredado y principio de depresión, adornado por un vano intento de disimular la calvicie con un peinado tan sujeto como imposible, no resulta muy creíble.

Parece, pues, que el ganador del Oscar en 1996, no conforme con esa mutación a lo Bruce Willis en la “La jungla de cristal” que ha sufrido en las tres ocasiones en que se ha puesto a disposición de Bruckheimer (“La roca”, “Con air” y “60 segundos”) ha tropezado con la misma piedra por cuarta –y esperemos última- vez.

Por lo que respecta a la banda sonora, Trevor Rabin fue el encargado de poner el fondo musical a esta peculiar aventura. Parece que el compositor ha abandonado la receta que tanto éxito le dio en filmes como “Texas Ranger” para ofrecernos un claro ejemplo de tedio musical.
Para concluir, hay que destacar como el propio productor se fijo en Jon Turteltaub (antiguo compañero de clase de Cage) para llevar la película a buen puerto. Turteltaub, conocido por su dirección en películas del “calibre” de “The Kid” o “Tres pequeños ninjas” no lo dudó y dio a Bruckheimer lo que tanto le gusta: acción, espectacularidad y, sobre todo, éxito en taquilla. Como decía Julio César: “Pan y circo”.

Ivan Vargas, publicado en Edición Limitada DVD