Ray
miércoles, febrero 22, 2006
Un fenómeno digno de estudio es la facilidad con la que la sociedad americana levanta nuevos ídolos cada día. Esta costumbre, cada vez más extendida al resto de comunidades (y si no que se lo pregunten a David Bisbal, Bustamante o cualquier “gran hermano”) tiende a confundir incluso a los propios protagonistas, los cuales ven en poco tiempo como pasan de no tener nada a ver depositados millones de ojos sobre ellos.
El asomarse al precipicio de la fama provoca -en multitud de ocasiones- graves problemas de adaptación a la nueva situación, lo cual lleva a que busquen refugio en el mundo de la droga.
Así podría resumirse el argumento de “Ray”, que cuenta la vida de uno de los más prolíficos y exitosos cantantes de la historia yankee. Una existencia, que lejos de ser el típico cuento de hadas protagonizado por otros muchos compañeros de profesión, arrastró al artista al oscuro mundo de las drogas, algo que sin duda condicionó muchas de sus composiciones.
Marcado por una traumática infancia, que le obligó a ser testigo de la muerte de su hermano pequeño y en la que progresivamente fue perdiendo la visión, aprendió a valerse por si mismo gracias a la fuerza de una madre luchadora que le enseñó a vivir con su desgracia y a sacar provecho de su minusvalía.
Aunque puede parecer extraño, sus orígenes musicales se encuentran enmarcados dentro de un grupo country, que pronto abandonaría en busca de una mayor proyección. Pero Ray, que no encontró el apoyo de un amigo y que fue despreciado por sus compañeros debido a su condición de ciego, quiso hacer un último intento por integrarse y comenzó a coquetear con la heroína, una compañera de viaje que permanecería junto a él muchos años.
Poco a poco, y con mucho esfuerzo por superar las barreras que la sociedad americana le ponía en su camino, logró ir haciéndose notar en el mundo de la música hasta que la Atlantis Records creyó en él y le catapultó al estrellato, consiguiendo grandes éxitos que no lograron llenar su vida, aunque si su cama, siendo el protagonista de tórridas aventuras sexuales con algunas de sus coristas.
Cuestión de modas
Las películas biográficas están en boga, prueba de ello son las estatuillas obtenidas por la propia “Ray” o “Mar Adentro” en la última edición de los Oscar, las cuales compartieron protagonismo “El Aviador”, filme dirigido por ese gran gafe de la industria hollywoodiense que es Martin Scorsese y protagonizada por un cada vez más rollizo Leonardo Di Caprio.
Estas tres películas son tan solo una muestra del giro que está tomando Hollywood en los últimos años, que con el lanzamiento de cintas del tipo “Ali”, “Alejandro Magno” o “Monster”, refleja de una forma diáfana lo complicado de encontrar buenos guiones sin recurrir a la historia, mostrando de paso la carencia imaginativa -si alguna vez la tuvo- de la maquinaria del celuloide estadounidense.
La gran parte de estos biopics, nos hacen sufrir frente a la pantalla un desarrollo tan forzado como el caso que nos ocupa. De hecho, “Ray” tan solo se convierte en una buena película gracias a la labor actoral de Jamie Foxx, el cual borda su papel como ya lo hizo acompañando a Tom Cruise en “Collateral” y como seguro hará cuando le veamos compartiendo pantalla con Collin Farell en la adaptación cinematográfica de “Corrupción en Miami”.
Junto al oscarizado actor, desfilan en las más de dos horas y media de metraje nombres como Regina King, Kerry Washington o Clifton Powell, los cuales no aportan nada de valor a una trama ya de por sí insustancial y cuyo principal responsable es Taylor Hackford. Éste, creador de románticos pastelazos como “Oficial y Caballero” o “Cuando me enamoro” , nos ofrece esta vez una historia en la que se mezclan el éxito, las drogas y la decadencia.
Por último, y para una labor tan difícil como es el hacer la banda sonora original de una película basada en la vida de un cantante de éxito, los productores confiaron en Craig Armstrong, compositor que cuenta en su currículum con éxitos como “Moulin Rouge”, “Love Actually” o “El americano impasible”, y que vuelve a demostrar en esta ocasión su enorme valía a la hora de crear las notas que acompañan el desarrollo de un filme que, pese a las buenas intenciones, no logra rebasar el listón de la banalidad.
El asomarse al precipicio de la fama provoca -en multitud de ocasiones- graves problemas de adaptación a la nueva situación, lo cual lleva a que busquen refugio en el mundo de la droga.
Así podría resumirse el argumento de “Ray”, que cuenta la vida de uno de los más prolíficos y exitosos cantantes de la historia yankee. Una existencia, que lejos de ser el típico cuento de hadas protagonizado por otros muchos compañeros de profesión, arrastró al artista al oscuro mundo de las drogas, algo que sin duda condicionó muchas de sus composiciones.
Marcado por una traumática infancia, que le obligó a ser testigo de la muerte de su hermano pequeño y en la que progresivamente fue perdiendo la visión, aprendió a valerse por si mismo gracias a la fuerza de una madre luchadora que le enseñó a vivir con su desgracia y a sacar provecho de su minusvalía.
Aunque puede parecer extraño, sus orígenes musicales se encuentran enmarcados dentro de un grupo country, que pronto abandonaría en busca de una mayor proyección. Pero Ray, que no encontró el apoyo de un amigo y que fue despreciado por sus compañeros debido a su condición de ciego, quiso hacer un último intento por integrarse y comenzó a coquetear con la heroína, una compañera de viaje que permanecería junto a él muchos años.
Poco a poco, y con mucho esfuerzo por superar las barreras que la sociedad americana le ponía en su camino, logró ir haciéndose notar en el mundo de la música hasta que la Atlantis Records creyó en él y le catapultó al estrellato, consiguiendo grandes éxitos que no lograron llenar su vida, aunque si su cama, siendo el protagonista de tórridas aventuras sexuales con algunas de sus coristas.
Cuestión de modas
Las películas biográficas están en boga, prueba de ello son las estatuillas obtenidas por la propia “Ray” o “Mar Adentro” en la última edición de los Oscar, las cuales compartieron protagonismo “El Aviador”, filme dirigido por ese gran gafe de la industria hollywoodiense que es Martin Scorsese y protagonizada por un cada vez más rollizo Leonardo Di Caprio.
Estas tres películas son tan solo una muestra del giro que está tomando Hollywood en los últimos años, que con el lanzamiento de cintas del tipo “Ali”, “Alejandro Magno” o “Monster”, refleja de una forma diáfana lo complicado de encontrar buenos guiones sin recurrir a la historia, mostrando de paso la carencia imaginativa -si alguna vez la tuvo- de la maquinaria del celuloide estadounidense.
La gran parte de estos biopics, nos hacen sufrir frente a la pantalla un desarrollo tan forzado como el caso que nos ocupa. De hecho, “Ray” tan solo se convierte en una buena película gracias a la labor actoral de Jamie Foxx, el cual borda su papel como ya lo hizo acompañando a Tom Cruise en “Collateral” y como seguro hará cuando le veamos compartiendo pantalla con Collin Farell en la adaptación cinematográfica de “Corrupción en Miami”.
Junto al oscarizado actor, desfilan en las más de dos horas y media de metraje nombres como Regina King, Kerry Washington o Clifton Powell, los cuales no aportan nada de valor a una trama ya de por sí insustancial y cuyo principal responsable es Taylor Hackford. Éste, creador de románticos pastelazos como “Oficial y Caballero” o “Cuando me enamoro” , nos ofrece esta vez una historia en la que se mezclan el éxito, las drogas y la decadencia.
Por último, y para una labor tan difícil como es el hacer la banda sonora original de una película basada en la vida de un cantante de éxito, los productores confiaron en Craig Armstrong, compositor que cuenta en su currículum con éxitos como “Moulin Rouge”, “Love Actually” o “El americano impasible”, y que vuelve a demostrar en esta ocasión su enorme valía a la hora de crear las notas que acompañan el desarrollo de un filme que, pese a las buenas intenciones, no logra rebasar el listón de la banalidad.

Iván Vargas en Edición Limitada DVD

