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El honor de los Prizzi


Repasando la filmografía del excelso John Huston en su labor como director, hay algo que me llama poderosamente la atención. No se trata de la idea casi unánime que lo eleva al olimpo de los cineastas, sus grandes éxitos en diferentes géneros, ni que en una carrera de casi cincuenta años el número de sus obras que merecen ser olvidadas sea tan corto.

Lo que en mayor medida despertó mi interés es la gran cantidad de estrellas masculinas del celuloide que pasaron por sus manos, o más concretamente trabajaron bajo sus órdenes (se trata de un matiz necesario en el caso de que nos lea un homófobo del calibre del director que nos ocupa).

Así, a Bogart, James Stewart, Henry Fonda, Paul Newman o Burt Lancaster, hay que añadir el infravalorado Silvestre Stallone, que a estas alturas está triunfando como merece en los cines con la sexta entrega de uno de sus personajes más queridos, un trozo de pan de 90 kilos al que si no fuera por el doblaje estilo Santiago Urrialde se trataría de otro modo dentro de nuestras fronteras.

Tras este onanista desvío argumental, continuaré diciendo que la nómina de importantes actores que ha trabajado bajo la batuta de Huston, se ve incrementada en el caso que nos ocupa con Jack Nicholson, el cual interpreta el papel de Charley Pantanna, brazo armado de una de las familias con mayor poder dentro de la mafia. Parece que su futuro es claro: servir a los Prizzi. Pero las cosas no son tan sencillas como parece, ya que mientras que la hija de su Don está enamorada de él, Charley conoce a Irene Walter (Kathleen Turner) una asesina a sueldo contratada por la familia para acabar con la vida de alguien que los ha traicionado.

De este modo, el peso de la acción fílmica cae sobre Jack Nicholson, el cual ha sido desde sus comienzos un especialista en interpretar papeles de tipo duro o con ciertos desórdenes mentales. A este respecto, en el primer grupo encontramos filmes como Algunos hombres buenos, mientras que en segundo, vienen a mi mente los casos de Alguien voló sobre el nido del cuco o la terrorífica El Resplandor, cuyo recuerdo provoca que una lágrima recorra mi mejilla, ¡Dios mío que doblaje!.

“La hija de…”

Por lo que respecta al papel de la hija del capo di tutti capi, fue precisamente la vástago del propio Huston la seleccionada. Se trata de un movimiento que años más tarde seguiría Francis Ford Coppola en la tercera entrega de El Padrino, eligiendo a Sophia para el papel de hija de Al Pacino. Este punto podría pasar del campo de la casualidad si no fuera porque la directora de las maravillosas y trepidantes (¡ja!) Vírgenes Suicidas y Lost in Traslation no ha podido, puede, ni podrá, jamás ser considerada como actriz. Sin embargo, Anjelica ha mostrado a lo largo de su dilatada y exitosa carrera de todo lo que es capaz. (y si, recuerdo la Familia Adams) obteniendo el beneplácito de público y crítica en múltiples ocasiones. Tal es el caso de la película que nos ocupa (actuación que la valió un Oscar), Enemigos (1989) o Los timadores (1990), lo cual significó sendas nominaciones al citado galardón.



La segunda femme fatale del film no es otra que Kathleen Turner, la cual no desafina dentro de la orquesta dirigida por Huston, si bien no llega las cotas de calidad que destilan la hija del jefe y el actor que destrozó el personaje del Jocker hasta provocar mi perdida de fe en las películas de superhéroes. Menos mal que llegó Nolan…

La edición en DVD

Si estableciéramos una ley matemática en torno al film que nos atañe, podríamos enunciarla del siguiente modo: Todo lo bueno que tiene la presente película en cuanto a detalles puramente artísticos, es inversamente proporcional a lo pobrísimo de su edición. De este modo, a una imagen simplemente correcta y con excesivo grano (sobre todo en las escenas nocturnas) le acompaña un sonido mono que si bien no destaca, tampoco desentona dentro del conjunto, sobre todo si hablamos de la versión original, donde la voz de Corrado Prizzi pondrá los pelos de punta a más de uno.


Iván Vargas
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