El Reino de los Cielos
Que Ridley Scott es uno de los directores más importantes de la industria de Hollywood es un dato incontestable con tan solo echar un leve vistazo a su filmografía: "Blade Runner", "Alien" o "Thelma y Louise" son clara muestra de ello. Pese a esto, tampoco es menos cierto que todo buen escribano puede tener algún borrón, y aunque sinceramente pensaba que con la insufrible "Teniente O´Neal" ya se había cumplido el cupo con creces, estaba equivocado.
Tomando la línea
Hace un lustro, Scott estrenó "Gladiador", más de cien minutos de cine de calidad en los que se mezclaban épica, emotividad y espectacularidad. Su protagonista era el camaleónico Russell Crowe, que pese a ese aspecto de tabernero galés, ha conseguido siempre llenar completamente la pantalla en cualquiera de sus apariciones cinematográficas.
Desde la citada narración de la vida del romano Maximus, muchas han sido las películas que, intentado seguir la estela de ésta, se han centrado en mostrar relatos seudo-históricos generalmente carentes de calidad en sus guiones y, por que no decirlo, en sus repartos. Entre estos ejemplos encontramos "joyas" como "Arturo", con un fútil Clive Owen al que sus fieles defienden con el frágil argumento de su pasada nominación a los Oscar, premios –por otra parte- carentes de cualquier tipo criterio (y si no que alguien me explique como Tom Hanks tiene el doble de galardones que Al Pacino).
Lamentablemente, a esta nómina de intentos sin éxito habrá que unir ahora "El Reino de los Cielos", obra que nos ocupa en estas líneas y que no llega más allá de ser una película para pasar el rato después de comer y servir de previa a "Pasión de Gavilanes".
La historia
Nos encontramos en la fascinante Edad Media, Balian (Orlando Bloom), un pobre herrero sin futuro en su aldea tras cometer un atroz crimen para vengar la muerte de su familia recibe una inesperada visita. Se trata de un noble caballero reconocido por el rey de Jerusalén, Godofreo de Ibelin, que ante la sorpresa de nuestro herrero resulta ser su padre.
Godofreo ha recorrido media cristiandad en busca de su hijo ilegítimo para que le acompañe a Tierra Santa a luchar en las Cruzadas. Aunque al principio no estaba muy por la labor (¿quién estaría contento de ir a una guerra a matar musulmanes sin ser un soldado yankee de 110 kilos?), finalmente sucumbe ante la idea de un destino donde empezar de nuevo y expiar sus pecados.
Pero a mitad de su aventura, el señor de Ibelin muere, siendo su único hijo el heredero de su tierra y su título en la ciudad de Jerusalén, una tierra sacudida por la guerra y dividida en dos grupos que pugnan por imponerse. De un lado, aquellos que persiguen la guerra contra los infieles, por otro aquellos que creen en una convivencia pacífica entre las distintas culturas y religiones. Por su parte, los musulmanes, encabezados por el enigmático Saladino se mantienen alerta a las puertas de Jerusalén ante la posibilidad de recuperar la Ciudad Santa.
Es en este inestable momento cuando nuestro joven e inexpresivo protagonista cruzará su destino con el de la joven, hermosa y casquivana princesa Sibylla, hermana de un rey moribundo bajo cuyo mando servirá en lo que se convertirá en el reto más importante de su vida.
Se trata, en resumen, de una buena premisa que con el paso del metraje va quedándose en maletas de un viaje a ninguna parte, pese a que nos vemos rodeados de un completísimo trabajo de producción y una interesante narración que nos dan motivos para ver por completo la historia protagonizada por un Orlando Bloom al que su paso por la Tierra Media le ha salido muy rentable.
Iván Vargas en Edición Limitada DVD



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