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Imagining Argentina


Directores como Ken Loach o Icíar Bollaín son claro ejemplo de cineastas que se han comprometido con un tipo de cine que desde su gestación ha tenido la intención de aportar su granito de arena llevando a la pantalla grande los graves excesos protagonizados por las diferentes formas de poder a lo largo de toda la historia. Este cine de protesta tiene una serie de elementos comunes como es el de la aproximación transparente a la realidad basándose en contenidos dramáticos tomados de hechos reales y actores con amplios márgenes para la interpretación.

Si seguimos esta serie de listados no escritos, no hay duda que “Imagining Argentina” es un claro ejemplo que debe unirse a una lista que cuenta con películas como “La cuadrilla”, “Pan y rosas”, “Flores de otro mundo” o “Las hermanas de Magdalena”.

Y es que la dictadura militar acaecida entre 1976 y 1983 en Argentina ha sido uno de los periodos más negros de la historia del país sudamericano. Durante estos más de siete años, los ciudadanos argentinos se vieron envueltos en una situación dantesca que dejó unas terribles secuelas, tales como la caída del salario real, desocupación, desindustrialización; y la mayor de las heridas: los cerca de 30.000 desaparecidos que fueron condenados, torturados y aniquilados. Es precisamente al comienzo de esta dictadura donde se sitúa “Imagining Argentina”.
Carlos Rueda (encarnado por un Antonio Banderas sobrio, comedido y que no recuerda en nada a aquel “chico Almodóvar” que enamoró a la diva de pop Madonna) es director de un teatro infantil en Buenos Aires que ve como en un cortísimo espacio de tiempo son raptadas tanto su mujer Cecilia (Emma Thompson) –periodista que no duda en denunciar en sus artículos las múltiples desapariciones de civiles- como su hija Teresa, a la cual personifica genialmente Leticia Dolera, una joven actriz salida de aquella factoría que nos atormentaba cada mediodía llamada “Al salir de clase” y de donde han surgido, entre otros, Alejo Sauras, Elsa Pataky, Victor Clavijo o Pilar López de Ayala (a la que podemos ver actualmente junto a Robert de Niro en “El puente de san Luis Rey”).

Durante su búsqueda, Carlos se da cuenta de que posee un don mágico, pues sueña despierto y ve claramente el destino de los desaparecidos. Sin embargo, algo le impide “imaginar” lo que le ha pasado a Cecilia. A punto de volverse loco, lucha con las únicas armas a su alcance, unas armas que nadie podrá quitarle jamás: la imaginación, las historias y los secretos místicos del espíritu humano.

El guionista y director de esta cinta, Christopher Hampton, nos trae un filme profundo y sin artificios que se dedica a mostrarnos una situación límite y como el amor es el único elemento de cohesión válido en estas circunstancias desesperadas.

Doce años después de leer y enamorarse de la novela “Imagining Argentina” Hampton logró su objetivo de llevarla a la gran pantalla. Este director – que ha ido compaginado su trabajo como autor teatral con el de guionista de programas de televisión y de cine- ha logrado una película que se desarrolla en muchos niveles: el de la realidad, el de la imaginación, el de los sueños y de las visiones. Además, no ha caído en el error de novelizar ni vulgarizar la historia, pues destila un gran respeto por la gente que vivió esta amarga tesitura, reflejando a su vez el horror que tuvieron que pasar y como la imaginación se erigió en una herramienta esencial de la supervivencia. Y sólo mediante la imaginación pudieron cambiar su mundo a uno mejor.

El único pero que podríamos encontrar a esta obra es la poca relevancia que el propio guión da a unos hechos tan terribles (que se convierten en mero adorno decorativo dentro del thriller), lo cual le costó al rollo un grave vapuleo en el conocido Festival de Venecia, con ataques tanto de público como de crítica.

Ivan Vargas, publicado en Edición Limitada DVD
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