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La búsqueda


Propongo desde estas líneas un sencillo ejercicio de memoria y perspicacia cinematográfica. Piense, estimado lector, en el siguiente hilo argumental e intente averiguar a que película me refiero: Un buscador de tesoros con aspiraciones a arqueólogo embutido en una chaqueta de cuero pasada de moda por unas cuantas décadas y una guapa partenaire en busca de dar algo de emoción a su gris vida rodeada de libros, se disponen a emprender la búsqueda de algo que no saben muy bien que es.

Por si nuestro lector aún no tiene suficientes pistas le daré un par más. La primera de ellas es que la pareja se convierte en trío al unírsele un tercer miembro a cargo del cual está el intentar dar el habitual toque humorístico en forma de absurdos y manidos chistes.
La segunda pista es la aparición en escena (¡oh sorpresa!) del padre del protagonista (un John Voight recién sacado de un “arreglo” de chapa y pintura como si de Sara Montiel se tratase), el cual comparte oficio con su vástago y que cree que uniéndose al cada vez más nutrido grupo podrá recuperar esos años que lleva tirado en el sillón.

Supongo que con estas pistas todos ustedes habrán deducido que la película de la que hablamos es “La búsqueda” (¿o qué se creían?), última superproducción del archiconocido Jerry Bruckheimer y que –además de tener un título horrendamente traducido- cuenta con la presencia de Nicolas Cage y esa vacua Helena de Troya llamada Diane Kruger.

En busca de la originalidad perdida

Al igual que su padre y su abuelo, Benjamin Franklin Gates (Nicolas Cage) desempeña un oficio tan habitual como el de buscador de tesoros (¿quién no tiene uno en su círculo de amigos?), pero mientras que sus antecesores se pasaron media vida siguiendo la pista de la legendaria posesión de los templarios, él se encuentra en la necesidad de descifrar la clave esencial para descubrir su paradero, que se oculta en los billetes de un dólar.

Después de ser abandonado en medio del Círculo Polar Ártico por un supuesto colega que se acaba convirtiendo en el siempre necesario enemigo (Sean Bean), nuestro protagonista se dirige a Washington para tratar de convencer a la guapa funcionaria encargada del Archivo Nacional de que la Declaración de Independencia corre peligro.

¿Qué hace un actor como tú en una película como esta?
Desde su magistral actuación en la no menos excepcional “Corazón Salvaje”, Nicolas Cage ha estado en el top interpretativo, pero esa obsesión casi enfermiza del sobrino de Francis Ford Coppola de no encasillarse en ningún personaje le ha llevado a alternar papeles de calidad como en “Living las Vegas” con otros de mucha menor enjundia; tal es el caso de “60 segundos”, “La mandolina del Capitán Conelli” o “La búsqueda” que nos ocupa, donde ese hombre con rostro de desheredado y principio de depresión, adornado por un vano intento de disimular la calvicie con un peinado tan sujeto como imposible, no resulta muy creíble.

Parece, pues, que el ganador del Oscar en 1996, no conforme con esa mutación a lo Bruce Willis en la “La jungla de cristal” que ha sufrido en las tres ocasiones en que se ha puesto a disposición de Bruckheimer (“La roca”, “Con air” y “60 segundos”) ha tropezado con la misma piedra por cuarta –y esperemos última- vez.

Por lo que respecta a la banda sonora, Trevor Rabin fue el encargado de poner el fondo musical a esta peculiar aventura. Parece que el compositor ha abandonado la receta que tanto éxito le dio en filmes como “Texas Ranger” para ofrecernos un claro ejemplo de tedio musical.
Para concluir, hay que destacar como el propio productor se fijo en Jon Turteltaub (antiguo compañero de clase de Cage) para llevar la película a buen puerto. Turteltaub, conocido por su dirección en películas del “calibre” de “The Kid” o “Tres pequeños ninjas” no lo dudó y dio a Bruckheimer lo que tanto le gusta: acción, espectacularidad y, sobre todo, éxito en taquilla. Como decía Julio César: “Pan y circo”.

Ivan Vargas, publicado en Edición Limitada DVD
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